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jueves, 10 de julio de 2008

Cushion Fashion

Esta tarde, mientras me mordía las uñas ante el extraordinario reto de mañana por la mañana de enfrentarme nuevamente al mostrador de facturación de Royal Air Maroc, recordaba una anécdota de hace algunos meses.

Vivía entonces en un chalecito del que mas tarde tuve que huir precipitadamente -como Yogurtu Ngué de la aldea por culpa de la escasez de rinocerontes- pero esa es otra historia.

El caso es que me había despertado bastante pronto aquella mañana. Demasiado para ir a la oficina.

Pese a lo intespestivo de la hora, decidí tomar una ducha tonificante-quizás demasiado porque el agua caliente disparaba el diferencial del cuadro eléctrico y era más sensato abrir sólo la llave de agua fría si, además, no quería disfrutar de una ducha íntima en plena oscuridad. Y estuvo meses así, porque un simpático abogado insistía en que no se debía reparar hasta que un perito la inspeccionase.

Estaba yo batiendo mi propio record mundial de velocidad de aclarado capilar -actualmente establecido en 12 segundos- sin más arma que una ingrata alcachofa de baño que escupía hielo granulado sin piedad cuando, de repente, escuché la alarma de recepción de mensajes del ordenador portátil, que estaba sobre la mesa de centro del salón de la planta baja.

Muerto de curiosidad, salí de la bañera, me escurrí un poco y corrí escaleras abajo.

¡Un momento! ¡Los calzoncillos! ¡Por lo menos los calzoncillos! -pensé durante una breve pausa en el rellano.

¡Bue! ¡Estoy solo, que mas da! Miro los mensajes rapidito y luego me pongo algo y me hago un café -me dije-

Llegué al ordenador, introduje la clave de desbloqueo y....... me dieron las 7 y las 8........y, de forma totalmente inesperada se abrió de par en par aquella traicionera puerta.

"Bon Jour Monsier Manolo........"

¡Diossssssss! ¡Turia, la señora de la limpieza!

Si si si si. NO era un error. Era el día de limpieza y plancha. ........y yo sentado en el sillón del salón frente al portátil, tal y como mi madre me trajo a este mundo.

A la velocidad del trueno, aferré lo único que se encontraba a mi alcance inmediato: un gélido cojín de polipiel roja con el que disimular -al menos- lo "esencial".

Con la mejor, más amplia y hasta diría que natural de mis sonrisas , respondí un educado "Bon Jour, Turia, Bon Jour, sa va?" tratando aparentar que el cojín era suficiente abrigo y decente remedio a semejante ridícula escena cuando, en realidad, me parecía tan pequeño. TANTO....

Turia ni se inmutó e inició sus labores con la flema de una discreta ama de llaves británica.

La escalera estaba a kilómetros del sillón, así que era materialmente imposible escapar hacia mi habitación sin empeorar significativamente mi ya suficientemente lamentable situación.

Durante unos instantes, mientras Turia daba el desayuno a la gata, pude haberlo logrado, pero la buena señora fué muy eficiente y sólo hubo tiempo para armarme con una minúscula pañoleta de punto que se encontraba en el otro sillón, a unos metros de mi. Y encima estaba convencido de que, al menos durante un microsegundo, me había visto cogerla en una postura mas bién poco digna. Y peor aún, los huecos de la puntadas de la pañoleta me parecían mayores que los de una red de portería de futbol. El aire circulaba a su través con tanta fluidez que ni con veinte dobleces tapaba lo suficiente y claro está, cuanto más dobleces, menor tamaño. Axiomático.

Mis esperanzas se concentraron en que Turia tendría el sentido común de empezar a limpiar el sótano dándome así una oportunidad de escapar.

Y ¿lo hizo? Pues no, señor. Se me acerca como si tal cosa, se pone justo al oto lado de la mesa, escoba en mano y ¡me pregunta si quiero que me sirva un café!

"Non, merci, vous etes tres gentil mais non! -le dije distraídamente no dejando de aporrear el teclado del portátil con una mano mientras, con la otra, trataba de garantizar la estabilidad mecánica de mi escurridiza indumentaria. Si intentaba tapar un poco mi flanco izquierdo, dejaba totalmente indefenso mi flanco derecho.

Alrededor de las 9 de la mañana, seguía yo en idéntica postura y situación, pero ya bastante inquieto porque se estaba haciendo muy tarde y empezaba a ser bastante probable recibir llamadas de la oficina, lo cual hubiera sido frustrante, porque el móvil estaba en la mesita de noche del dormitorio. Demasiado lejos.

Estaba yo meditando una solución drástica y eficaz cuando Turia decidió empezar la limpieza de suelos. Yo hubiera jurado que el suelo bajo mi mesa de centro estaba razonablemente limpio, pero ella no parecía opinar lo mismo y la emprendió a fregonazos a escasos dos metros de mi.

Gracias a Dios, llegó (¡por fin!) el turno de la bodega y salí disparado como un cohete a mi habitación.

Esto no debería saberlo nadie. -me dije- Nadie.

sábado, 28 de junio de 2008

Airline Excellence Award

Bueeeeeeeeno. Pues resulta que me he quedado sin finde. SISISI

Royal Air Maroc me dejó ayer en tierra. Parece que la reserva y pago se realizaron el jueves a las 13:06 horas (la hora límite era las 19:00) pero les venía mejor venderle la plaza a alguien a un precio mejor, cosa que hicieron a las 12:57 horas. Unas 6 horas antes de lo comunicado a AMADEUS. Y claro, como el pescado estaba ya vendido, la orden de pago de la agencia fue rechazada.

Al menos me podrían haber mandado un email de anulación, como suelen, pero chitón a ver si cuela. Me habría ahorrado ir al aeropuerto o me habría planteado probar suerte y comprar otro billete por unos cochinos 800 euros. Total ná.

Pero no. Pensaron que era mucho más elegante y considerado decírmelo personalmente en el mostrador de facturación al día siguiente. Si es que los marroquíes son exquisitos, pero no sabemos apreciar su sentido de la etiqueta y el trato amable.

Y además son my detallistas. Ya lo creo. De hecho, la última vez que fuí a Madrid a pasar el fin de semana, tuvieron -conmigo y con otros ciento y tantos pasajeros- un detalle encantador: una vez alcanzamos nuestra altura de crucero, el comandante nos comunicó que antes de aterrizar en Madrid, haríamos una breve escala...... en Barcelona. ¡Que sorpresa tan bonita! ¡Y que admirable discreción hasta el momento del despegue! Y encima tuvimos propinilla y la escala fue de dos horas, para que tuvieramos tiempo de conversar y hacer amistad con nuestros compañeros de butaca, mientras desembarcaban unos cuentos pasajeros del vuelo de Casablanca a Barcelona, que decidieron anular para reunirnos en un solo avión y así fomentar el clima de cooperación y afecto mutuo entre nuestras dos otrora irreconciliables capitales.

Ya me había pasado en dirección contraria, con cambio de terminal incluído, pero esta vez fué mucho más excitante. La conmovedora escena de una madre extasiada por sus bebés demostranto vivamente su emoción a pleno pulmón, dió el toque tierno a nuestra fantástica velada que terminó alrededor de la una de la mañana. Qué menos que quedar agradecidos por la generosidad de tan excelsa compañía aérea por permitirnos usar gratuítamente sus elegantes asientos durante 5 horas seguidas.

Anoche dos gin-tonics para celebrarlo. Y despierto hasta las tres, porque unos simpáticos chicos tenían organizado el fiestón del megawatio. Cool, créanlo: música cuadrafónica, envolvente y muuuuuuy "in". Lo último en techno-bereber. El ático es de un Ministro, así que ajo y agua.

Me he pasado una fantástica mañana de sábado, sin poder ir a trabajar porque no había luz en toda la región (ni la hubo durante 12 horas).

O me hago toda la carne y el pollo descongelados para cenar, o a la basura.

Y lo peor de todo: me he puesto hasta los ojos de anacardos, que encima me costaron una pasta.

Ay señor, señor.